como introducción a un “ Tratado filosófico de astronomía popular”.
Se
trata de un breve libro que encierra lo esencial del pensamiento
comtiano. Es una obra de madurez posterior al “ Sistema de filosofía
positiva” , que recoge sus momentos fundamentales, es uno de esos textos
que podríamos llamar fundacionales, por cuanto exponen los principios
de una doctrina y un programa general para desarrollarla.
Está
doctrina se llamo positivismo, y de alguna forma viene a condensar en
poco espacio toda la concepción sobre la ciencia que había comenzado a
perfilarse desde el Renacimiento.
Pero conviene distinguir dentro
del positivismo, dos dimensiones diferentes. Por un lado tenemos la
dimensión negativa, que dice que el positivismo no era filosofía y por
otro lado el hecho del positivismo, que es mucho más que un hecho. Nos
encontramos con que en el siglo pasado la Humanidad fue positivista, y
que nosotros ya no lo somos hemos dejado de serlo. Nosotros venimos de
él, y no podemos acabar de entendernos si no lo entendemos.
Según
Comte hay una gran distancia entre el fundador y los fundados. La
peregrina suerte del positivismo, al querer convertirse en casi-religión
, ha hecho que llegue sobre todo, a nosotros jerarquizado y que se
desvanezca toda la sustancia filosófica que pudo tener. Conviene volver a
las fuentes vivas para entender que ha sido la filosofía. Por ello,
entre otras cosas este libro está escrito con el propósito de obtener
una gran difusión.
Comte comienza hablando de que el espíritu
humano está por debajo de los problemas científicos más sencillos, y
busca casi de un modo exclusivo, el origen de todas las cosas,
,sea primera, finales, de los diversos fenómenos que le extrañan y su
modo fundamental de producción; es decir, busca los conocimientos
absolutos. Y ahí tres formas principales que le pertenecen
sucesivamente, ( aquí el autor nos habla de la ley de los tres estadios)
:
Tanto la sociedad como los individuos, pasan por distintos
estados. La sociedad pasa por tres estadios, y la clave para delimitar
estos tres estadios es el desarrollo del pensamiento, y esté pasa a su
vez por tres estados o estadios , son los siguientes:
Estadio teológico:
Para el autor la infancia de la sociedad humana está caracterizada por
el predominio del pensamiento teológico, este estadio tiene su principal
característica en que las explicaciones eran mágicas .Era un estadio
provisional y preparatorio. A su vez se divide en las siguientes fases:
- fase fetichista:
Es la más inmediata, consiste en atribuir a todos los cuerpos
exteriores una vida esencialmente análoga a la nuestra, pero más
enérgica. La adoración de astros es el grado más alto.
- fase politeísta:
Aquí la filosofía inicial sufre la más profunda transformación. La vida
es por fin retirada de los objetos materiales para ser transportada a
lo diversos seres ficticios, habitualmente invisibles, cuya activa
intervención se convierte en la fuente directa de todos los fenómenos
exteriores. Según Comte la mayor parte de nuestra especie no ha salido
todavía de está fase.
- fase monoteísta:
Supone la decadencia de la filosofía inicial. Su característica es la
adoración a un solo Dios. Es una fase de gran abstracción.
2
.Estadio metafísico:
La metafísica intenta sobre todo la íntima naturaleza de los seres, el
origen y el destino de todas las cosas, pero en lugar de emplear para
ello los agentes sobrenaturales los reemplaza, por aquellas entidades o
abstracciones personificadas, cuyo uso, en verdad característico, ha
permitido a menudo designarla con el nombre de
ontología. Es
entonces la pura imaginación la que domina, y todavía no es la verdadera
observación: pero el razonamiento adquiere aquí mucha extensión y se
prepara confusamente al ejercicio verdaderamente científico.
Es
un período intermedio, de duda, todo se cuestiona. Lo define como “una
especie de enfermedad crónica inherente por naturaleza a nuestra
evolución mental.”
3
. Estadio positivo: La lógica
especulativa había consistido hasta entonces en razonar, no ofreciendo
prueba alguna. Este estadio poco a poco estará presente en toda la
humanidad. Es la última fase en la evolución del pensamiento y la
sociedad. Los hombres aceptan la realidad a través de la observación,
experimentación ... . A través de este pensamiento orden y progreso se
unen. El pensamiento se limita a ser operativo, estudiar la mecánica de
los fenómenos y la relación entre ellos.
Posteriormente nos
habla de la naturaleza relativa del espíritu positivo, y nos dice que la
ciencia se limita a descubrir los objetos externos sin descubrir su
verdadera constitución, y que ninguna ciencia mejor que la astronomía
puede mostrar esa naturaleza necesariamente relativa de todos nuestros
conocimientos reales. Y por lo tanto el destino de las leyes
positivistas consiste ante todo, en ver para prever, en estudiar lo que
es, a fin de concluir de ello lo que será, según el dogma general de la
invariabilidad de las leyes naturales.
Una vez que ya nos ha
hablado del destino de las leyes positivistas, nos habla del destino del
espíritu positivo, que en definitiva viene a ser la satisfacción de
nuestras propias necesidades, ya que la filosofía positiva procura en
los espíritus bien preparados una aptitud muy superior a la que nunca
pudo ofrecer la filosofía teológico- metafísica .
Es importante
comentar la opinión de Augusto Comte de que estamos viviendo una
revolución mental, del régimen teológico al régimen positivo.
El
orden natural es lo suficientemente imperfecto para exigir sin cesar la
intervención humana , mientras que la teología no admite otro medio de
modificarlo que solicitar un apoyo sobrenatural, debido a esto el autor
profundiza en la incompatibilidad de la ciencia con la teología en este
discurso, dice que el verdadero espíritu filosófico es indispensable hoy
para acabar de caracterizar la naturaleza y las condiciones de la gran
renovación mental que ahora necesita de lo más escogido de la Humanidad,
manifestando la incompatibilidad última de las concepciones
positivistas con todas las opiniones teológicas. En resumen la
imposibilidad de ninguna conciliación entre las dos filosofías.
El
espíritu positivo procede de forma muy prudente respecto a asuntos muy
fáciles y esto contrasta con la loca temeridad del espíritu teológico
frente a las cuestiones más difíciles , sin embargo donde más se aprecia
la incompatibilidad entre ambas filosofías en la disidencia metódica.
Una
incompatibilidad semejante resulta directamente evidente cuando se
opone la previsión racional, a la adivinación, único medio legítimo que
ofrece la teología de conocer el futuro.
En el siguiente
capítulo el autor se centra principalmente en la superioridad social del
espíritu positivo, y la crisis social desarrollada, desde hace medio
siglo en todo el occidente europeo y sobre todo en Francia:
Mientras
que la inevitable disolución de la filosofía teológica, el sistema
político estaba presidido por el espíritu metafísico. Pero la Gran
Crisis final comenzó cuando está decadencia llegó por fin al punto de
hacer irrecusable la imposibilidad de conservar el régimen antiguo y la
necesidad creciente de un orden nuevo. Como antes de la crisis , la
lucha permanece entablada entre el espíritu teológico y el metafísico ,
que no ha podido tender, en política más que a constituir el desorden, o
un estado equivalente de desgobierno.
Esta oscilación entre dos
filosofías completamente opuestas, debía producir el desarrollo de una
escuela intermedia, que estuviera destinada a recordar el conjunto de la
cuestión social.
Según el sentimiento de insuficiencia social
que ofrecen el espíritu teológico y el metafísico que hasta ahora han
estado disputando el imperio, la razón pública debe ser la única
dispuesta a acoger hoy el espíritu positivo como la única base posible
de una resolución verdadera de la anarquía intelectual y moral que
caracteriza a la gran crisis moderna.
Permaneciendo ajena a
estas cuestiones la escuela positiva constituye el verdadero estado
normal de todas las clases más sencillas.
Una de las grandes
ventajas que posee el espíritu positivo es que ofrece poderosas
garantías directas, ( no sólo científicas, sino también lógicas) que
podrían juzgarse pronto como muy superiores a las pretensiones de una
teología retrógrada, cada vez más degenerada, como el propio autor
define.
La nueva filosofía asigna el mejoramiento continuo no
sólo de nuestra condición sino también de nuestra naturaleza, tanto como
lo permita la totalidad de las leyes reales, exteriores e interiores.
La
conclusión del autor respecto a lo citado anteriormente es que la
humanidad no podría permanecer indefinidamente condenada a no poder
fundar sus reglas de conducta más que en motivos quiméricos, de modo que
tuviera lugar una gran oposición entre las necesidades intelectuales y
las necesidades morales.
La antipatía que ha inspirado el
espíritu teológico a la razón moderna ha afectado a muchas nociones
morales y esta oposición resulta de la incompatibilidad que existe entre
estas dos maneras de sistematizar la moral , pero no existe ninguna
alternativa entre fundar la moral sobre el conocimiento positivo de la
Humanidad y fundarla entre el conocimiento sobrenatural.
El
autor deja patente a lo largo del discurso la creciente necesidad de
hacer independiente la moral de la teología y la metafísica, deja bien
claro que las opiniones teológicas no admiten ninguna verdadera
demostración más allá de la explicación sobrenatural o quimérica, y que
es esto lo que tiende a viciar todas las fuentes de la moralidad humana,
al hacer descansar a esta sobre un continuo estado de falsedad, e
incluso de desprecio de los superiores con los inferiores, por esto
principalmente es necesario trabajar en nombre de la moral, para
conseguir por fin el ascenso universal del espíritu positivo, para
reemplazar un sistema caído como es el teológico-metafísico, que cada
vez encuentra menos puntos de apoyo para justificar sus acciones y
doctrinas.
Llegados a este punto es muy importante destacar
el desarrollo del sentimiento social,
algo en lo que Comte veía el regulador lógico de todos los demás
aspectos positivos. Opina que el espíritu positivo es directamente
social, la universalidad es muy necesaria en esta enseñanza, puesto que
no hay que moralizar solamente a los espíritus selectos sino también a
la masa de la inteligencia, que habrán de participar , todas, más o
menos en este gran paso. El pensamiento dominante hasta ahora ha sido el
del “ yo”, el del estudio del individuo pero nunca se ha abracado
realmente el estudio de la especie, en una sola palabra , la
universalidad.
Aquí se puede apreciar otra gran diferencia del
espíritu positivo con el teológico, y es que para este último, por su
naturaleza esencialmente individual y nuca colectiva, no existe la vida
social, según esta idea la sociedad humana no puede ofrecer más que una
aglomeración de individuos , cuya reunión es siempre fortuita y
pasajera, y que al estar cada uno ocupado de su propia salvación no
conciben la participación con la del prójimo sino como un medio de
merecer la mejor.
El espíritu positivo por el contrario es
directamente social, para él , el hombre no existe, no puede existir más
que la Humanidad, puesto que todo nuestro desarrollo se debe a la
sociedad, y la búsqueda activa del bien público se representará sin
cesar como el modo más apropiado para asegurar la felicidad privada ,
aunque la única recompensa fuera la satisfacción interior.
Para
superar distintas resistencias, la escuela positiva debe esforzarse en
propagar en la masa activa, los principales estudios científicos propios
para constituir en ella la base de su gran elaboración filosófica.
El
público lo que no quiere es hacerse astrónomo, ni químico etc..., lo
que siente es la necesidad de obtener conocimiento de todos las
ciencias, aunque sen nociones básicas de estas, el público quiere saber
de todo. Por
Ello es muy importante que esta nueva enseñanza
desarrolle desde su origen la universalidad social, que será una de sus
principales ramas de lucha contra las diversas resistencias que ha de
encontrar.
Después de haber tratado el desarrollo del sentimiento social, e inevitable tratar el
destino esencialmente popular de esta enseñanza:
La
teología fue reemplazada provisionalmente (aunque sólo para los cultos)
, por una cierta instrucción metafísica y literaria, pero el problema
radica en que no ha podido recibir ningún equivalente parecido para la
masa popular.
Para Comte la nueva enseñanza filosófica debe ir
especialmente dirigida a los proletarios , aunque eso si, sin excluir
nunca su enseñanza a una clase cualquiera, el pueblo debe ser, la mejor
dispuesta a acoger favorablemente la nueva filosofía, que al fin debe
encontrar allí su principal apoyo, esto se debe principalmente a que las
clases inferiores tienen una afortunada carencia de cultura escolástica
que los hace menos accesibles a las costumbres vagas o sofísticas.
Cuando estas diferencias mentales, morales y tendenciales , entre las
distintas clases , hayan obrado de modo conveniente, habrá de ser, pues ,
entre los proletarios donde mejor se realice esa propagación universal
de la instrucción positiva, pues hasta ahora no ha existido una política
esencialmente popular, y sólo la nueva filosofía puede constituirla.
A continuación nos habla de
la política popular, siempre social, debe hacerse sobre todo moral :
Desde
el comienzo de la gran crisis moderna, el pueblo no ha intervenido más
que como auxiliar en las principales luchas políticas, con la esperanza
de
obtener de ellas algunas mejoras de su situación general, pero no por
un fin que le fuese propio. Todas las disputas habituales han quedado
concentradas esencialmente entre las diversas clases superiores o
medias, pues estas disputas o luchas se referían sobre todo a la
posesión del poder.
Las clases sacerdotales y feudales se vuelven
hoy cada día más indiferentes para la estéril propagación de esas
luchas y el pueblo no puede interesarse esencialmente más que por el uso
efectivo del poder, sean cualesquiera las manos en que resida, y no por
su conquista especial.
El espíritu positivo, no puede encontrar
un apoyo sólido más que en el pueblo propiamente dicho, único dispuesto a
comprenderla bien y a interesarse profundamente por ella, si bien el
pueblo es ahora, y debe seguir siéndolo en adelante, indiferente a la
posesión directa del poder político, no puede nunca renunciar a su
indispensable participación continua en el poder moral.
Según
Comte se puede asegurar que la escuela positiva tendrá mucha más
facilidad para hacer penetrar esta enseñanza en los espíritus populares
que en cualquier otro lugar ya sea porque la metafísica negativa no ha
podido arraigarse allí tanto o sea sobre todo por el impulso constante
de las necesidades sociales. En definitiva se trata de asegurar la
educación normal, y luego el trabajo regular.
La filosofía
teológica no conviene ya más que a las clases superiores, cuyo poder
político tiende a eternizar, así como la filosofía metafísica se dirige
sobre todo a las clases medias.
Las necesidades esenciales de la filosofía positiva coinciden directamente con los deberes naturales de los gobiernos.
Para
concluir el discurso, nos habla de tres leyes que fundamentan la
evolución y sirven de base a la nueva filosofía general, son las
siguientes:
- Ley de clasificación: Un
orden tal debe cumplir dos condiciones esenciales, una dogmática que
consiste en ordenar las ciencias según se dependencia sucesiva, de
manera que cada una descanse en su precedente y prepare la siguiente, la
otra condición es la histórica, que prescribe disponerlas según la
marcha de su formación efectiva, pasando siempre de las más antiguas a
las más recientes.
Es decir consiste en clasificar las diferentes ciencias, según la naturaleza de los fenómenos estudiados.
- Ley Enciclopédica o Jerarquía de las ciencias: Este
objeto final exige, un doble preámbulo relativo, al hombre por una
parte y por otra, al mundo exterior. En el estado actual de las
inteligencias, la aplicación lógica de esta gran fórmula es aún más
importante que su uso científico, ya que el método es, más esencial que
la doctrina misma. Para facilitar el uso habitual de esta fórmula
jerárquica conviene agrupar sus términos dos a dos, de modo que se
reduzca a tres parejas: una inicial, matemático-astronómica: otra final,
biológica-sociológica, separadas y reunidas por la pareja intermedia,
físico-química.
Es aquí precisamente, en esta última
ley donde encontramos la base sistemática de la nueva filosofía general,
esta teoría de clasificación debe ser considerada como inseparable de
la teoría de la evolución que el autor expone al comienzo del libro,
pues esta jerarquía es indispensable para explicar la ley de los tres
estados.
Por último y para concluir este discurso, Comte nos
habla de la aplicación de la enseñanza de la astronomía, nos dice que
esta enseñanza popular debe referirse a la pareja científica inicial,(
matemático-astronómica) y es de allí de donde todos deben primero tomar
las verdaderas nociones elementales de su positividad, adquiriendo los
conocimientos que sirven de base a todas las demás especulaciones
reales, pero no se trata de ofrecer una sistematización de la
instrucción popular, sino de imprimir el impulso filosófico que debe
conducir a ella.
Llegados a este punto Comte reconoce que un
movimiento semejante debe depender sobre todo de los estudios
astronómicos, que por su naturaleza, ofrecen necesariamente la plena
manifestación del verdadero espíritu matemático , de quien constituyen
en el fondo el principal destino.
Esta predisposición de la
ciencia astronómica en ser la primera propagación de la iniciación
positiva ( y que el autor caracteriza de necesaria) , está del todo
conforme con la influencia histórica de dicho estudio, principal motor
hasta ahora de las revoluciones intelectuales.
Comte nos habla de
un ejemplo que ilustra la influencia de dicha enseñanza, nos dice lo
siguiente: “su primer bosquejo matemático, en las escuelas de Tales y
Pitágoras, constituyó luego la principal fuente mental de la decadencia
del politeísmo y del ascendiente del monoteísmo. Por último, el
despliegue de la positividad moderna, que tiende a un nuevo régimen
filosófico, ha resultado esencialmente de la gran renovación astronómica
comenzada por Copérnico , Kepler y Galileo”
Comte concluye este
discurso diciendo: “no hay que extrañarse mucho de que la universal
iniciación positiva, sobre la que debe apoyarse la filosofía definitiva,
se halle también dependiente, de un estudio semejante, según la
conformidad necesaria de la educación individual con la evolución
colectiva ”
RESEÑA BIOGRÁFICA
Auguste
Comte nació en Montpellier, Francia, el 19 de enero de 1798, en el seno
de una familia de clase media. A pesar de que fue un estudiante precoz ,
no llegó a obtener un título universitario, Comte y su clase fueron
expulsados de la Escuela Politécnica por su rebeldía y sus ideas
políticas. Esta expulsión influyo negativamente en la carrera académica
de Comte. En 1817 se convirtió en secretario de Claude Henri Saint-Simon
, ambos trabajaron juntos durante varios años y Comre reconocería en
numerosas ocasiones la importancia de Saint_-Simon en su vida pues fue
el quien le oriento en una dirección filosófica, pero en 1842 hubo una
discusión entre ambos y se puso fin a dicha relación.
En 1862
Comte planificó un curso integrado por setenta y dos lecciones públicas
sobre su vida, pero tuvo que ser interrumpido después de la tercera
lección debido a una crisis nerviosa. Comte siguió padeciendo problemas
mentales y en 1827 intentó suicidarse arrojándose al río Sena.
Posteriormente, trabajo en los seis volúmenes de lo que sería su obra más conocida,
Cours de Philosophie Positive, publicado en 1842. En ella exponía una perspectiva según la cual la sociología constituía la ciencia última.
Sobre
1838se produjo una ruptura importante en la vida de Comte , cuando se
embarcó en una vida de “higiene cerebral”, es decir, evitaba la lectura
de las obras de los demás, y como consecuencia de ello llegó a estar
completamente al margen de las principales corrientes intelectuales de
su tiempo. Fue después de 1838 cuando comenzó a desarrollar sus
extravagantes ideas para reformar la sociedad expresadas en su
Systéme de Politique Positive
. También soñaba con llegar a ser sumo sacerdote de una nueva religión
de la humanidad; creía en un mundo que finalmente sería gobernado por
sociólogos-sacerdotes.
A pesar de sus excéntricas ideas atrajo a numerosos seguidores tanto en Francia como en otros países.
Auguste Comte murió el 5 de septiembre de 1857.
VALORACIÓN CRÍTICA
Comte ha influenciado a algunos autores y ha dejado una serie de
contribuciones positivas: como que fue el primer pensador que utilizó el
término sociología, que enunció los tres principales métodos
sociológicos( la experimentación, observación, y la comparación), que
diferenció la estática social de la dinámica social y expresó claramente
su idea de que si se la dejaba a su arbitrio , la naturaleza humana se
vería dominada por el egoísmo...
Pero aparte de esto, cuando he
terminado de leer este libro o discurso mejor dicho, me han venido una
serie de ideas a la cabeza que han tomado fuerza al leer su biografía(
esta claro que padeció problemas mentales).Como ejemplo de sus
extravagancias Comte soñaba con convertirse en sumo sacerdote de la
“nueva religión de la humanidad”.
Por una parte en este discurso
encuentro cosas muy ciertas y muy elaboradas, como cuando dice que la
teología no fundamenta opiniones y que la moral no puede ser quimérica.
Me
parece muy acertado cuando nos comenta que la teología fue remplazada
poco a poco por la metafísica y la literatura, pero esto sólo fue para
los cultos, la masa popular no ha recibido ningún equivalente, y es por
eso por lo que Comte defiende el positivismo como enseñanza universal,
aunque debe encontrar su principal apoyo en la clase trabajadora y
popular puesto que esta nunca ha intervenido en las luchas más que como
auxiliares, sin un fin que les fuese propio. Es precisamente este
sentimiento de ausencia de poder y participación, y predominio de las
clases superiores, lo que hace que Comte encuentre en el positivismo la
“salvación” (por llamarlo de algún modo) de la Humanidad, y según el
autor sólo cuando esta enseñanza este en el interior de todos los
hombres, se emprenderá el camino hacia una nueva sociedad mucho mejor.
Pero
aparte de esto anterior que sería algo así como una síntesis, encuentro
una cierta “obsesión” especialmente en cuanto al tema de la teología,
lo que da como resultado para el lector( o al menos para mi) una lectura
aburrida y difícil , con una repetición constante de ideas.
En
resumen me ha parecido una obra interesante en su inicio, pero que a
medida que avanza no hace más que repetir las mismas ideas del
principio, y también pienso que trata el tema del positivismo con
demasiado dogmatismo, como si fuera la clave para la salvación, algo que
me hace irremediablemente compararlo con una especie de “mesías” o
“salvador”.